top of page

¿Perder el tiempo o aprender a tomarlo?

  • hace 1 día
  • 6 min de lectura

Hace unos días tomé la decisión de vender mi BYD Song Plus para dar el paso hacia una Lynk & Co 08. Y quiero empezar aclarando algo: mi decisión no nace de una decepción con BYD, todo lo contrario. Sigo siendo un gran admirador de la marca, de lo que ha logrado tecnológicamente y, sobre todo, de lo mucho que ha contribuido a acelerar la movilidad eléctrica. Simplemente llegó el momento de probar algo diferente.


Una de las cosas que más peso tuvo en mi decisión fue algo que cada vez valoro más: la autonomía en modo 100% eléctrico. Después de vivir durante años con vehículos electrificados, he descubierto que cada kilómetro adicional que puedo recorrer sin encender un motor de combustión tiene valor para mí. No necesariamente porque lo necesite todos los días, sino porque quiero tener la posibilidad de hacerlo.


La Lynk & Co 08 me ofrece precisamente eso: una autonomía eléctrica considerablemente mayor dentro de un vehículo híbrido enchufable, conservando al mismo tiempo la flexibilidad para realizar recorridos largos sin depender completamente de la infraestructura de carga.


Y aquí apareció otro dato que terminó reforzando mi decisión: este mismo modelo obtuvo recientemente un Guinness World Records al recorrer 293 kilómetros en modo 100% eléctrico, la mayor distancia registrada por un SUV híbrido enchufable. Curiosamente, la prueba se realizó aquí en México, en el Centro Dinámico Pegaso de Toluca, durante más de seis horas de conducción. Evidentemente, un récord conseguido bajo condiciones controladas no significa que recorreremos 293 kilómetros eléctricos todos los días, su referencia oficial alcanza hasta 200 km bajo ciclo WLTP, pero sí habla de hasta dónde está llegando esta tecnología. Y para alguien como yo, que busca utilizar el modo eléctrico tanto como sea posible sin perder la libertad de hacer un viaje largo, ese equilibrio resulta particularmente interesante.


Y sí, Lynk & Co todavía es una marca relativamente nueva en México, y eso naturalmente genera preguntas. Pero cuando volteas a ver quién está detrás de ella, su historia y el ecosistema automotriz al que pertenece, la perspectiva cambia. Lynk & Co forma parte del universo de Geely Holding, uno de los grupos automotrices con mayor presencia internacional, bajo cuyo paraguas conviven marcas y participaciones como Geely Auto, Volvo Cars, Polestar, ZEEKR y Lotus, además de la propia Lynk & Co. Es un ecosistema donde se comparten capacidades de ingeniería, plataformas, electrificación, seguridad y desarrollo tecnológico.


Así que, aunque para nosotros Lynk & Co pueda sentirse como una marca nueva, detrás existe una estructura automotriz global con muchos años de experiencia y una presencia que va mucho más allá de China. Para mí, entender ese respaldo fue importante para decidir experimentar, y precisamente de experimentar trata esta historia.


Mi camioneta todavía no llega, mientras tanto, Grupo RISE, el concesionario con quien estoy llevando este proceso, tuvo un gesto que debo reconocer: me ofreció un vehículo para utilizar durante la espera.


Más allá del automóvil prestado, me pareció un buen ejemplo de algo de lo que hablamos mucho en las empresas, pero que no siempre conseguimos llevar a la práctica: experiencia al cliente. Al final, la experiencia no siempre está en evitar que surjan inconvenientes o tiempos de espera, sino también en cómo una empresa decide acompañarte mientras suceden


Podían simplemente decirme que esperara, pero en cambio buscaron una alternativa para acompañarme durante ese periodo. Punto a favor. Lo interesante vino después, porque me dieron a escoger entre un vehículo híbrido enchufable y uno completamente eléctrico, y elegí el eléctrico.


No porque fuera necesariamente la alternativa más práctica, sino precisamente porque quería vivir la experiencia de un 100% eléctrico en mi día a día. Así llegó temporalmente a mis manos una SEEKER X1, y con ella apareció una reflexión que no esperaba.


Mi situación tiene además una particularidad. Tengo infraestructura de carga, pero no necesariamente la adecuada para este vehículo. La X1 utiliza conector Tipo 2, mientras que buena parte de la infraestructura que he utilizado hasta ahora responde a otros estándares. Y aquí aparece uno de esos temas que todavía tenemos que resolver en la movilidad eléctrica: los conectores y los estándares de carga.


Tipo 2, GB/T, CCS, NACS, corriente alterna, corriente directa, potencias y, por supuesto, adaptadores. Para alguien que lleva tiempo metido en este mundo puede resultar relativamente sencillo, pero para quien compra su primer vehículo eléctrico puede convertirse rápidamente en una sopa de letras.


Eventualmente tendré los adaptadores necesarios y el problema prácticamente desaparecerá, pero hoy no. Y curiosamente agradezco que todavía no sea tan sencillo, porque esa pequeña incomodidad me obligó a experimentar algo que probablemente no habría descubierto de otra manera: tener que detenerme y tomarme el tiempo.


Estamos acostumbrados a medir muchas cosas por velocidad. Más rápido parece ser siempre mejor: una computadora más rápida, una entrega más rápida, una respuesta más rápida y, por supuesto, una carga más rápida. En ese sentido, cargar combustible es extraordinariamente eficiente. Llegas a una gasolinera, cargas y probablemente diez minutos después estás nuevamente en movimiento. Difícil discutir contra eso, y de hecho no pienso hacerlo.


Pero cargar un vehículo eléctrico introduce una variable diferente: tiempo. Dependiendo del cargador pueden ser treinta minutos, una hora, varias horas o simplemente dejarlo conectado durante toda la noche. Y para muchas personas ese será precisamente uno de los principales argumentos en contra: "Yo no tengo tiempo para esperar a que cargue un carro." Lo entiendo perfectamente.


Sin embargo, estos días me pasó algo curioso. Mientras esperaba que cargara la X1, abrí la computadora, contesté algunos correos, revisé pendientes y leí algo que tenía guardado desde hacía días. En otra ocasión simplemente me senté un rato. Y entonces me hice una pregunta que terminó siendo el origen de esta reflexión: ¿realmente estoy perdiendo el tiempo?


Aquí quiero ser muy cuidadoso porque sería absurdo decir que tardar una hora es mejor que tardar cinco minutos. No lo es. Y quien diga que cargar gasolina rápidamente te permite utilizar esa hora restante en cualquier otra cosa tiene toda la razón. Matemáticamente no hay discusión.


Pero mi reflexión no tiene que ver con matemáticas, sino con comportamiento. Porque una cosa es tener tiempo disponible y otra muy diferente es obligarnos a disponer de él. Parece lo mismo, pero no necesariamente lo es.


En nuestra vida cotidiana llenamos prácticamente cada espacio. Terminamos una reunión y entramos a otra, llegamos a algún lugar y revisamos el teléfono, tenemos veinte minutos disponibles y rápidamente encontramos cómo ocuparlos. Vivimos permanentemente en movimiento y, muchas veces, incluso cuando tenemos tiempo libre, buscamos inmediatamente algo con qué llenarlo.


Hasta que algo nos obliga a detenernos. Y eso fue exactamente lo que hizo conmigo un automóvil eléctrico. Durante una carga no puedes acelerar el proceso simplemente porque tengas prisa; la batería carga a la velocidad que puede cargar y punto. Entonces puedes desesperarte o puedes decidir qué hacer con ese tiempo.


Y he empezado a descubrir que esos pequeños espacios obligatorios pueden convertirse en algo interesante. Puede ser un café, una llamada pendiente, leer, trabajar, pensar o incluso algo que cada vez parece más difícil en nuestras vidas: simplemente no hacer nada durante unos minutos.


Quizá el verdadero descubrimiento no tenga mucho que ver con el automóvil, sino con nosotros mismos y con la forma en que nos hemos acostumbrado a vivir.


Cuando hablamos de autos eléctricos normalmente hablamos de baterías, autonomía, infraestructura, tiempos de carga, emisiones, costos y tecnología. Todo eso importa, pero después de años experimentando con movilidad eléctrica, cada vez estoy más convencido de que existe otra transformación mucho menos visible: la movilidad eléctrica también modifica hábitos.


Aprendes a cargar mientras duermes, a aprovechar una parada, a planear diferente y a entender que no necesariamente necesitas comenzar cada día con el equivalente a un tanque lleno. Aprendes incluso que un automóvil puede recuperar energía mientras desacelera. Pero ocasionalmente también aprendes algo mucho más sencillo: aprendes a detenerte.


No creo que esto convierta al vehículo eléctrico en la mejor opción para absolutamente todas las personas. Nunca he pensado así. Cada tecnología tiene circunstancias donde funciona mejor y otras donde simplemente no tiene sentido. Pero precisamente por eso me gusta experimentar antes de opinar, porque una ficha técnica puede decirte mucho sobre un automóvil, pero difícilmente puede explicarte cómo cambia tu comportamiento cuando empiezas a vivir con él.


Paradójicamente, este periodo de espera por mi Lynk & Co 08 terminó regalándome una experiencia que originalmente ni siquiera estaba buscando. Vendí mi BYD sin dejar de admirar a BYD, elegí una nueva marca sin saber todavía cómo será vivir con ella y, mientras espero mi nuevo híbrido enchufable, terminé conduciendo un eléctrico puro que me está permitiendo enfrentar directamente algunas de las limitaciones que todavía existen en este ecosistema.


Conectores, adaptadores, infraestructura y tiempos de carga son parte de esa realidad y no creo que debamos esconderlos para defender la movilidad eléctrica. Al contrario, hay que hablar de ellos, experimentarlos y entenderlos. Pero en medio de esas limitaciones apareció algo que normalmente no viene en las fichas técnicas, no se mide en kilómetros, no aparece en los tiempos de aceleración y tampoco está expresado en kWh.


Es simplemente la experiencia de descubrir que, algunas veces, tener que detenernos puede no ser necesariamente algo malo.


Vivimos obsesionados con ahorrar tiempo: cinco minutos aquí, diez minutos allá, una hora en otro proceso. Quizá la pregunta que pocas veces hacemos es ¿para qué queremos ahorrar todo ese tiempo? Porque si después simplemente lo volvemos a llenar de pendientes, notificaciones y prisas, tal vez nunca lo ahorramos realmente. Quizá únicamente conseguimos hacer más cosas.


Esta experiencia con un eléctrico 100% me está enseñando algo que no esperaba aprender de un automóvil. Tal vez no siempre necesitamos encontrar la manera de ir más rápido; algunas veces necesitamos algo que nos obligue a detenernos.


Y curiosamente, tuve que detenerme a cargar para aprender a tomarme el tiempo.

 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
  • Facebook
  • YouTube Social  Icon

© 2024 Libredehumo.mx

  • Amazon
  • Facebook
  • YouTube Social  Icon
bottom of page